miércoles, enero 13, 2010

El martes 5 Rauli nos despertó a las 9 am. Qué bien habíamos dormido, de un tirón. Yo me había tomado una pastillita (de las que me había regalado Ed) que seguro que ayudó. No podía darme el lujo de no descansar porque tenía que ayudar a mi hermano.

En el cuarto

La selva misionera desde la ventana
Preparamos todo y bajamos a desayunar







Nos despedimos de los chicos. Las chicas seguían durmiendo.

Fuimos a cargar gasolina pero había más de dos cuadras de cola. Decimos ir a otra gasolinera, pero no tenía combustible. Y así sucesivamente. De pueblo en pueblo, y nada... Desesperante.
Le pedimos a Rodrigo que vaya haciendo la cola en la única estación de servicio de Puerto Iguazú para cargar bidones y que nos pudieran auxiliar (cosa que pensamos que no hizo) mientras nosotros seguíamos viaje en búsqueda del bendito líquido. Nada.
El calor era terrible y corríamos alto riesgo de quedarnos barados al costado del camino. Mi hermano puso velocidad de crucero para reducir el consumo a mínimo. Ir a 100 km/h (aprox.) en esa carretera recta y vacía (seguro que la falta de gasolina ayudaba) y con el terror de quedarnos en cualquier momento bajo el sol abrasador era espantoso.
Por fin, luego de un buen peregrinaje, conseguimos en Wanda, pueblucho de mala muerte que nos salvó la vida. Cuando el señor, ante la pregunta: "hay nafta?" nos respondió que sí, todos gritamos. Fue tanta la emoción que mi hermano le dio a un bordillo con tanta mala suerte que estaba mal hecho (tenía un metal en el borde con un filo de hacha) y le rompió la rueda. Pero ya no importaba. Con el tanque lleno NADA importaba.
Nos dirigimos a la gomería. Increíble, típica gomería de antaño (en versión colorada) hasta con el hombre sentado en la reposera, botella de cerveza en mano.
Infaltables: los almanaques.

Con la rueda cambiada emprendimos, por fin, el viaje de regreso.




La felicidad del tanque lleno nos duró poco. Más tarde nos volvió a faltar la gasolina. Increíble. Dicen que se acaba.





Creo que ésto era Chaco. A 180 km/h es imposible leer los carteles (los del costado del camino que marcan los kilómetros que faltan para las diferentes ciudades)

Esta vez sí paramos a comer. Como ya era tarde sólo quedaban 4 hamburguesas con queso, 3 para nosotros, y sin mayonesa. De postre, dulce de leche con coco, made in Brasil.

La alta velocidad también impide leer los carteles de las rotondas. O te agarrás en la curva o leés, jiji! Resultado: nos equivocamos de camino (por tener el GPS apagado) y en lugar de coger hacia Charata le metimos 40 km por una salida equivocada. Volver y perder más de media hora de luz :(
Aquí ya se nos escondía el sol y comenzaba la pesadilla nuevamente.

Paramos en Las Termas a comer un chivito. Exquisito.
Esta vez tardamos 14 horas (con peregrinaje por las gasolineras, gomería, almuerzo, cena y errada de camino) O sea, más o menos lo mismo que antes, pero más relajadito.
Sobredosis de estrés.
Un viaje relámpago impensado. Pura aventura.
Quedamos hechos polvos. Me resultó muy difícil recuperarme. Al llegar, mis actividades seguían a full pero yo me dormía de parada.

2 comentarios:

manu dijo...

... Y uno, Dexter tiene cáncer linfático, pero no hay que preocuparse, remite y grabará la quinta temporada.

... Y dos, no vale: todas las pictures son ampliables, gracias, pero la primera, precisamente la piba echada en la cama del cuarto, no es escalable. Mi frustración de voyeur es evidente.

... Que viaje te estas pegando. Envidioso stoy, proclamo.

Flor dijo...

Ayyyy, no me digas lo de Dexter!!! Un bajón!!!

Lo de la foto de mi hermana no fue a propósito sino pura casualidad. Un poco de respeto cheeeeee!!!
Este veranito me parece que la vas a poder ver más de cerca ;)

Besitos, llego el domingo.