jueves, diciembre 02, 2004

Esta mañana por fin comencé con natación. No sé muy bien cuánto nadé porque me olvidé de fijarme en la horade comienzo. De vez en cuando paraba a descansar, no quería excederme el primer día. Estuvo muy bien, a esa hora había poquísima gente en la piscina. Al concluir, me di un baño calentito y a casa.

Después de comer llamé a mi abuela. Por suerte algo hizo que la llamara porque había pasado una mañana espantosa. Estuvo a punto de que le cortaran la luz por falta de pago (una boleta de julio que estaba impaga). Evidentemente se olvidó de pagarla, no lo hizo adrede ni por falta de dinero. El que fue a cortársela tuvo compasión de una pobre viejita viviendo sola y le perdonó la vida dejándola ir al banco a saldar su deuda.

Al terminar con el hombre vinieron a cobrarle los impuestos de sus propiedades, que también estaban impagos. Ahora que lo escribo me resulta raro que vayan a cobrar a domicilio cuando el 90% de los argentinos no pueden (o no quieren) pagar los impuestos de sus viviendas y nadie va a su casa a cobrárselos. Espero que no haya sido un timo, volveré a llamarla para averiguar.

Bueno, suponiendo que no lo haya sido, otra vez su memoria le ha jugado una mala pasada. Ella es mayor, está a punto de cumplir 84 años y últimamente se olvida algunas cosas o eventos. Ya me gustaría estar más cerca para poder darle una mano. Mis pobres hermanos se tienen que encargar de todo y no es justo, pero yo, desde aquí, no puedo hacer nada.

Hoy la escuché mal, había llorado toda la mañana. No era para tanto, pero ella debe haberse dado cuenta de que fue a causa de sus olvidos y eso la debe haber puesto muy triste, debe haberse asustado un montón. Pobrecita.

Mi mamá no va nunca a visitar a mi abuela pero dio la casualidad de que cuando llamé estaba ahí y pude hablar con ella. Hace un par de semanas que no nos comunicábamos.

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