miércoles, julio 07, 2004

Ayer terminé de leer El Psicoanalista, sólo me llevó 3 días. Impresionante, un thriller que atrapa. Muy fácil de leer, para pasar el rato.

Por la noche empecé Amarse con los ojos abiertos de Bucay. Quienes me conocen saben que este gestaltista argentino no es santo de mi devoción, es más, me resulta bastante desagradable. Sin embargo, a su favor debo decir que lo que voy leyendo hasta ahora me parece muy sensato, ágil. Veremos cómo sigue el tema.

Ayer dos clientas me dijeron que en los pedidos que se les habían entregado había errores (un artículo por otro). Justamente eso había estado conversando el día anterior con mi padre. Le decía que no sabía qué me pasaba pero que mientras trabajaba me daba cuenta que cometía errores. En ese momento los solucionaba, pero se vé que algunos se me pasaban por alto.

Yo creo que pueden ser las visitas que me tienen un poco dispersa, con la cabeza en otras cosas.
Trabajar en una empresa familiar no es lo mismo que trabajar para otro. Yo tengo dos funciones pero como además me gusta que las cosas salgan lo mejor posible meto las narices en todos lados. Estoy constantemente pensando en si se despachó tal cosa, si hay que cobrar tal otra, si llegó tal pedido, cuándo se retira, etc, etc, etc.
De esta forma también le hago un poco de secretaria a mi padre.
El tema es que no sólo trabajo ahí sino que además tengo otro trabajo al que también tengo que dedicarle tiempo y, sobre todo, pensamientos.

Este verano ha habido, y todavía hay, muchas visitas.
Además de ocuparme del laburo he tenido que estar pendiente de que conozcan, no se aburran, vayan a la playa, salgan de vez en cuando. Mucho no he hecho, pero tampoco poco.
Creo que esa puede ser la causa de mi dispersión.
También me parece que el vivir desde hace años en la isla me ha cambiado. Siento que la gente (las visitas, argentinos todos) hablan mucho, que para contar algo están 3 horas, que hacen las historias muy floridas, muy decoradas.
Lo he hablado con mi padre y con mi hermana. Aún lo estamos analizando.
Yo creo que la época del año en la que vienen y el tipo de trabajo que tenemos, también tienen mucho que ver.
En verano se trabaja mucho (aunque este año sea una excepción) y ni mi padre ni yo dejamos el trabajo en la oficina y nos vamos a casa. Estamos constantemente pensando en las cosas hechas y por hacer. Encimismados en nuestros pensamientos. Tal vez sea por eso que notamos que los demás hablan mucho. Claro, ellos están de vacaciones y nosotros trabajando, aunque no se note (porque manejamos nuestros horarios, nos podemos escapar a la playa, no nos vestimos formalmente ni entramos/salimos a una hora determinada)

Yo sé que me estoy volviendo mucho más fría, ya no echo de menos el contacto corporal, los besos, los abrazos.
Aquí se habla poco y creo que me he acostumbrado a que la gente hable poco, a los silencios.
Seguiré pensándolo.

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