lunes, enero 06, 2003

Amanecimos con los Reyes Magos en caballo, repartiendo regalos a los niños, y tirándonos caramelos (estamos en un primer piso).
A pesar del viento y la inminente llegada de la lluvia, partimos entusiasmados a las canchas de tennis, con la esperanza de pelotear algo. Obviamente, fue imposible, entonces decidimos salir de paseo en coche.
Nos adentramos en Alaior, un pueblo cerca de Mahón. Por sus callejuelas, las ventanas verde inglés (o menorquín, como le llaman aquí), la gente caminando, cargada de regalos.
Ignorando cómo, de repente, campo, caballos, carretillas con alfalfa, sembradíos. Me hacía acordar a la campiña inglesa.
Eso es lo que tiene Menorca, vericuetos por doquier, nunca termina de sorprenderte.

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