jueves, diciembre 12, 2002

Uf!!, todavía el corazón se me quiere salir del pecho. Sonó el teléfono, yo recién terminaba de almorzar. Era un chico que me pregunta si dispongo de unos minutos. Se presenta como perteneciente al staff del Departamento de Psicología de la Univ. ....(no recuerdo cual) de Madrid y que estaban haciendo una encuesta sobre la exposición al sol. Como psicóloga, no podía rechazar, me interesaba saber de qué se trataba. Además, siempre me gusta colaborar en las encuestas. Hasta ahora, todo bien. Comienza con las horas de exposición al sol, protección, alergias, topless, nudismo...normal. Luego me pregunta si estaba sola y podía contestar con tranquilidad. Continúa. Si tenía pareja o la había tenido. Si me consideraba heterosexual. Si tenía fantasías con personas del mismo sexo. Si practicaba el sexo anal, el sexo grupal. Si me masturbaba. Si me rasuraba. Si tenía vello púbico. Si tenía pecho voluminoso....miles de preguntas más, y muy, muy, íntimas. Lo hacía con gran eficacia, como para que uno no tuviera tiempo de pensar y de esta forma quitarle espontaneidad a las respuestas. No sé como llega al punto de decirme que la mente y el cuerpo van por separado. Si yo pensaba que si ahora me tocaba, mi cuerpo iba a reaccionar (o algo por el estilo). A lo que yo respondo, que no, que paso de ello. Me dice algo así como: “ves en este momento tu mente dice que no pero yo quiero demostrarte que tu cuerpo a lo mejor reacciona aunque tu mente no lo quiera”. Nuevamente le digo que no lo haré. Me dice: “yo le había preguntado si estaba sola y podía responder”. Como si yo no fuera dueña de responder a lo que me apetece. Me puse tan nerviosa, pero firme ante su insistencia. En fin, me queda la duda de cómo seguía la encuesta (y si era verdad). Si a alguien le ha pasado, me gustaría saber el final....

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